El problema no era solamente Barreda
Luis Machín interpreta a Ricardo Barreda en la película de Daniela Goggi. Treinta y cuatro años después del crimen, el actor todavía se cruza con gente que encuentra razones para justificarlo. Quizás haya que mirar menos al asesino y un poco más lo que hicimos nosotros con él.
Probemos algo. Ricardo Barreda. No hace falta agregar demasiado para saber de quién estamos hablando. Ahora probemos con Gladys McDonald, Elena Arreche, Cecilia y Adriana Barreda. Los cinco nombres pertenecen a la misma historia, pero no llegaron igual hasta nosotros.
El 15 de noviembre de 1992, Barreda asesinó con una escopeta a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas en la casa familiar de La Plata. En 1995 fue condenado a prisión perpetua y murió en 2020. Esos datos alcanzan para ubicar el caso porque esta nota empieza después, cuando Barreda salió del expediente y empezó a circular por otros lugares.
Se hicieron canciones, sketches y estampitas. Hubo tazas con su cara y personas que se lo tatuaron. Llegaron a llamarlo "Santo Patrono de los hombres maltratados". Barreda había matado a cuatro mujeres, pero una parte de la sociedad argentina consiguió transformarlo en otra cosa: un personaje.
Luis Machín se metió en ese personaje para filmar Barreda, dirigida por Daniela Goggi. Escuchó su voz, estudió sus movimientos y revisó el material que había quedado sobre él. Entre todo eso encontró algo que no pertenece a los años noventa. Dice que todavía ve en las redes gente que siente empatía por Barreda y personas que directamente están a favor de lo que hizo.
Maite Lanata y Margarita Páez, las actrices que interpretan a Cecilia y Adriana, se reunieron con amigas de las hijas para tratar de reconstruir quiénes habían sido. Machín contó que esas mujeres arrastraban algo más: durante años no pudieron hacer tranquilamente el duelo porque cuando hablaban de sus amigas aparecía la misma explicación, que ellas eran amigas de quienes habían "vuelto loco" a Barreda. Cuatro mujeres habían sido asesinadas y quienes las querían todavía tenían que escuchar razones sobre el hombre que las mató.
De Barreda, en cambio, quedó muchísimo. Entrevistas, declaraciones, fotografías, su voz, sus gestos. Machín tuvo material de sobra para estudiarlo. Cuando las actrices buscaron a Cecilia y Adriana tuvieron que ir a preguntarles a sus amigas porque, como cuenta el propio actor, de las mujeres hay muy poca documentación. Sabemos tanto del asesino que un actor pudo reconstruir hasta su manera de hablar; para saber cómo eran dos de las asesinadas hubo que tocar la puerta de quienes todavía las recordaban.
La película se mete justamente ahí. Carla Peterson interpreta a Gladys; Mercedes Morán, a Elena; Maite Lanata y Margarita Páez, a Cecilia y Adriana. La propia presentación de la película reconoce lo que ocurrió alrededor del caso: mientras Barreda se convertía en personaje popular, las cuatro mujeres iban desapareciendo del relato.
Machín pone sobre la mesa otra palabra: monstruo. Dice que llamarlo así puede tranquilizarnos, porque el monstruo queda allá, separado de nosotros. Pero Barreda no vivía en otro mundo. Vivía en esta sociedad y fue esa misma sociedad la que después escuchó sus explicaciones, hizo canciones sobre él, imprimió estampitas y hasta encontró motivos para justificarlo.
Treinta y cuatro años después seguimos diciendo Barreda y sabemos de quién hablamos. Recordamos al odontólogo, la casa, la escopeta y sus declaraciones. Mucho más difícil resulta que Gladys, Elena, Cecilia y Adriana aparezcan con la misma rapidez.
De los cuatro asesinatos, el responsable fue Barreda, y de eso no hay nada que repartir. El personaje que vino después, en cambio, necesitó bastante más gente: quienes encontraron una justificación, quienes hicieron del crimen un chiste, quienes difundieron durante años su versión y quienes terminaron sabiendo muchísimo sobre él y bastante poco sobre ellas.
La película de Goggi vuelve sobre una historia que conocemos hace más de treinta años, pero hace algo que durante mucho tiempo pareció más difícil que reconstruir al asesino: busca a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana antes de que fueran solamente las cuatro mujeres que Barreda mató. Y cuando aparecen sus nombres, la historia que creíamos conocer empieza a parecer otra.
Fuentes: Noticias Perfil; entrevistas a Luis Machín; Prime Video; material periodístico sobre Barreda; Redacción ContraCrisis.
Se escribe caminando: no fuimos a buscar qué tenía Barreda en la cabeza cuando asesinó a cuatro mujeres, porque llevamos más de treinta años escuchando hablar de él. Esta vez fuimos detrás de cuatro nombres. Gladys, Elena, Cecilia y Adriana estaban ahí desde el principio; los que tardamos demasiado en mirarlas fuimos nosotros.
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