Seis llaves
Nación dejó trece casas a medio hacer en María Teresa. La Comuna terminó seis con plata propia y abrió la inscripción para las familias que esperan un techo. No las va a vender ni a regalar: las va a prestar.
Hay un sueño argentino que cambió poco en décadas: la casa propia. Se lo persiguió con planes de vivienda, con créditos, con terrenos pagados en cuotas y con ladrillos comprados de a uno durante años. En María Teresa, en el departamento General López, seis familias podrían acceder a un techo, aunque sin escritura.
Las seis casas del Barrio Incluir forman parte de un conjunto de trece viviendas del programa nacional Casa Propia que quedaron a medio hacer cuando el plan se paralizó. En otras ciudades santafesinas, como Gálvez, fue la Provincia la que se hizo cargo de terminar lo que Nación había dejado. En María Teresa la Comuna no esperó: siguió la obra con recursos propios y terminó las primeras seis, con una inversión superior a los 200 millones de pesos. Son más de 33 millones por casa, puestos por un pueblo chico para completar una obra que había prometido Nación. Las otras siete todavía esperan.
Hasta el 5 de octubre, de 8 a 12, el Área de Acción Social recibe a los postulantes. Lo que pide para inscribirse dice bastante de quiénes se van a anotar: el DNI de cada integrante del grupo familiar, un comprobante del domicilio actual y los papeles que acrediten los ingresos del hogar. A quien alquila le piden el contrato o lo que paga por mes. Si en la familia hay una persona con discapacidad, el certificado. Y a quien trabaja sin recibo de sueldo, la Comuna le ofrece firmar una declaración jurada. Sin proponérselo, la lista de requisitos es un retrato de las familias que esperan: gente que alquila, que trabaja sin recibo, que cuida a alguien.
Después vendrá una evaluación de cómo vive cada familia: si hay hacinamiento, cuánto entra por mes y si en la casa hay chicos, adultos mayores o personas con discapacidad. No podrán participar quienes tengan antecedentes penales o deudas alimentarias. Con los que queden habilitados se armará un padrón, y ahí el sueño pasa por el lugar menos previsible de todos: un sorteo público. Seis familias saldrán adjudicadas; el resto quedará en un orden de suplentes.
Las casas, además, no se venden ni se transfieren. Seguirán siendo de la Comuna y se entregarán en comodato, es decir, prestadas. Las familias tendrán que hacer un aporte mensual mínimo para el mantenimiento del barrio, cuidar la vivienda y garantizar que los chicos vayan a la escuela, entre otras condiciones. Si no las cumplen, la casa vuelve a la Comuna para otra familia que la necesite.
Para varias generaciones, la casa propia fue la idea de algo que nadie te puede sacar. El comodato propone otra cosa: una casa que es del pueblo y se presta mientras se la necesita y se la cuida. Se puede discutir si es la mejor manera, pero lo que no se discute es que seis familias de María Teresa van a tener, por fin, una llave y una puerta que cerrar a la noche.
Queda un número por conocer, y probablemente sea el más importante: cuántas familias se van a anotar para seis casas. Ese dato va a decir cuánto techo le falta a María Teresa. ContraCrisis lo va a preguntar cuando cierre la inscripción.
Fuentes: Comuna de María Teresa; Secretaría de Hábitat de la Nación, programa Casa Propia; Gobierno de Santa Fe; Redacción ContraCrisis. Imagen Ilustrativa
Se escribe caminando: un plan nacional dejó trece casas a medio hacer y un pueblo terminó seis. El sueño de la casa propia llega a María Teresa con otra forma: la de una llave prestada.
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