48 pedazos de tierra para empezar una casa
Santa Isabel abrió la inscripción para 48 lotes con servicios y escritura. Es una buena noticia en un tiempo en que la tierra se volvió difícil de conseguir. Pero las bases del programa tienen letra chica, y esa letra decide quién llega.
Hoy son terrenos. Calles mejoradas, tendido eléctrico, agua potable, iluminación pública y una escritura. Después vendrá todo lo demás: los primeros ladrillos, una cocina, una pieza, el árbol que alguien plantará demasiado cerca de la vereda y esa parte de una casa que probablemente quede para "cuando se pueda". En Santa Isabel hay 48 lotes que empiezan por ahí, bastante antes de que exista una casa.
La Comuna que preside Pablo Giorgis abrió hasta el 30 de octubre la inscripción para "Isabel, Mi Lugar", un programa de tierras creado por ordenanza en septiembre y financiado con recursos propios. Está pensado para quienes viven en el pueblo hace al menos cuatro años, no tienen ninguna propiedad a su nombre, ganan como mínimo un salario mínimo, vital y móvil y no consiguen entrar al mercado inmobiliario ni al crédito bancario tradicional. Es decir, para los que tienen un ingreso, pero no les alcanza para comprar un terreno de la forma habitual.
La diferencia con entregar solamente tierra está en lo que viene alrededor. La Comuna se compromete a entregar los lotes con red eléctrica, alumbrado público, agua potable, calles estabilizadas y desagües pluviales, y el costo de esas obras ya está incluido en el precio. Las bases no fijan una fecha para terminarlas, pero el compromiso está escrito. Parece una enumeración técnica hasta que se piensa qué significa construir sin alguna de esas cosas: tener un lote no necesariamente significa tener un lugar donde empezar una vida.

Los números también están escritos. El lote de 300 metros cuadrados cuesta $5.400.000 y el de 400, $7.200.000, con los gastos de escritura incluidos. Hay solo dos formas de pagarlo: al contado, dentro de los 30 días de la adjudicación, o con un crédito de un banco o una mutual de la localidad que cubra el total. La Comuna no financia en cuotas ni garantiza que el crédito salga.
Nadie va a elegir a dedo. Los lotes se sortean en un acto público ante escribano, con dos bolilleros: uno con los números de los inscriptos y otro con los lotes, para que ni siquiera la ubicación dependa de alguien. Hay cinco lotes reservados para familias o personas con discapacidad. Después sortean los grupos familiares, y las personas solas solo participan si sobran lotes. Por cada titular se sortea también un suplente, por si alguien no llega a cumplir.
Y está la letra chica, que no es menor. Quien reciba un lote tiene que construir al menos el 40% de su casa en cinco años desde la escritura. Si no lo logra, la Comuna recupera el terreno, devuelve solo lo que se pagó por la tierra, sin intereses, y lo que se haya construido queda para la Comuna. Además, el lote no se puede vender, alquilar ni prestar durante diez años. Son reglas pensadas para que nadie especule con tierra pública. Pero también dicen algo sobre el esfuerzo que se le pide a una familia: no alcanza con conseguir el terreno; hay que llegar a levantar la casa.
Ahí aparece una historia que en los pueblos del sur conocemos bastante bien. Mientras la vivienda se volvió cada vez más lejana para muchas familias, conseguir primero la tierra puede ser la única manera de empezar. Pero entre el sueño y la llave hay una cuenta. ¿Cómo junta una familia que gana un salario mínimo cinco millones y medio en treinta días? ¿Qué cuota le van a ofrecer los bancos y las mutuales, y a cuántos se la van a aprobar? Esas respuestas no están en las bases, y de ellas depende quiénes pueden convertir la posibilidad en realidad y quiénes seguirán mirando desde afuera.
Para anotarse no hace falta presentar papeles todavía. La inscripción se hace con un formulario digital, con declaraciones juradas, y solo quienes salgan sorteados deberán presentar después la documentación. El formulario está en https://forms.gle/TLggBeD1eRxXd8m58, y las bases completas, en https://santaisabel.gob.ar/content/programa-tierras-isabel-mi-lugar. Quien tenga dudas puede acercarse a la Comuna, de 7 a 13.
Por ahora hay 48 terrenos y una inscripción abierta. Las casas todavía no existen. Quizás justamente por eso la historia empieza antes: en ese momento bastante menos espectacular en que una familia deja de preguntarse dónde podría construir algún día y consigue, por fin, un lugar desde donde empezar.
Fuentes: Comuna de Santa Isabel; Bases y Condiciones del Programa de Tierras Comunal "Isabel, Mi Lugar"; Ordenanza N.º 49/2026.
Se escribe caminando: la gacetilla habla de sueños y las bases hablan de plazos. Para saber quién llega a un lote, hay que leer las dos.
Redacción ContraCrisis.
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