Del 20 al 30
Doña Retruco le explica al Presidente cómo se vive del 20 al 30, y repasa con humor de vereda la semana: España, el Congreso, la moneda de internet y la carne de burro.
Esta columna es de humor y sátira. Los hechos son ciertos, los chequeó mi nieto; las opiniones son mías, y el que se ofenda, que se queje al gallo.
Hoy hay elecciones vecinales y yo ya me puse el saquito bueno, el que no tiene zurcido, y me pinté los labios con el rouge que me regaló mi nuera en 2019, que se seca pero no se termina nunca. No sé si en mi barrio votamos o no. La del almacén dice que sí, la vecina de enfrente dice que no, y el del 1200, como no saluda, tampoco informa. La de enfrente, por las dudas, ya sacó la silla y el termo a la vereda para ver quién va a votar y con quién vuelve. Yo salgo igual, que con el saquito bueno y la boca pintada no me vuelvo a meter adentro ni que se caiga el cielo.
Pero lo que me tiene loca es lo del lunes. El Presidente dijo en Neuquén que es una pavada eso de que no llegamos a fin de mes, y preguntó cómo hacemos para vivir diez días sin comer si la plata se termina el 20. ¡Me lo pregunta a mí! Venga, querido, siéntese que pongo la pava. Del 20 al 25, libreta del almacén. Del 25 al 28, polenta, que con un poquito de queso rallado parece comida de domingo. El 29 se reza, y si el santo no atiende, se le pide al nieto. El 30 cobro, le pago a la del almacén, y el 1 ya estoy de vuelta anotada en la libreta, que me tiene más fiel que el finado. Diez días sin comer no, mi amor: diez días comiendo fiado, que es parecido pero con deuda.
Encima dijo que no nos dejemos “psicopatear”. Yo escuché “picotear” y pensé que hablaba del gallo, que me picotea los tomates desde que los puse. Le di la razón al Presidente y le grité al gallo, y el pobre se fue a dormir ofendido debajo de la mesa. Cuando el nieto me explicó la palabra, me dio más bronca todavía. A mí no me psicopatea nadie: abro la heladera y me hace eco, y eso no lo inventó ningún kirchnerista, lo inventó la boleta del gas.
Después se fue a España, que ya debe tener la llave del departamento y el cepillo de dientes en el vaso. Lo recibieron los estudiantes de una universidad pública con cacerolas, y quiso ver al rey y el rey no lo atendió. ¡Ni el rey, che! A mí por lo menos la del PAMI me atiende, aunque sea para decirme que vuelva el martes con fotocopia. Allá dijo que el riesgo país sube por culpa de los orcos. Yo escuché “porcos” y pensé que hablaba del Congreso. Después me explicaron que son unos bichos feos de una película, que gritan, se pelean y no trabajan. Ah, entonces sí, del Congreso.
Y hablando del Congreso: el miércoles se quedaron toda la noche y a la madrugada salió lo de la discapacidad, con casi todos los votos, después de que el Gobierno aflojara en todo lo que quería recortar. Aflojó porque la gente se plantó en la calle, no porque se le ablandó el corazón; eso le pasa a mi hermana con los gatos de la cuadra, no al Gobierno. Lo de las familias endeudadas, en cambio, lo mandaron “a comisión”. Casi me atraganto con el mate y me tuvo que palmear la espalda el sodero, que justo pasaba a cobrar. ¿A comisión? A mí la del almacén no me manda a comisión, me manda a cobrar, y con intereses de vecina, que son los peores porque te los cobra con la mirada.
El viernes un juez lo sobreseyó al Presidente, y a la hermana, en esa causa de la moneda de internet que yo nunca entendí, porque para mí una moneda es redonda y se pierde en el sillón. Esa noche, en una fiesta con empresarios en el puerto, dijo que están limpios. Me alegro, che. Yo también estoy limpia, pero porque el jabón en polvo lo compro suelto y lo estiro con agua, y la ropa la cuelgo en la soga de la vecina porque la mía se cortó en agosto. También dijo que le intentaron hacer un golpe de Estado. Acá el único golpe de la semana fue el de la vecina, que se dio contra la reja cuando le llegó la boleta del agua.
Para terminar, el sábado se pelearon el Presidente y el Lula, el de Brasil, que hoy tiene elecciones. El Lula dijo en la tele que en la Argentina se come carne de burro, y el Presidente le contestó que es ladrón y mentiroso. Mire, por una vez le tengo que dar la razón al Presidente: el Lula mintió. En mi casa carne no comemos de ningún bicho, ni de burro ni de vaca. Polenta, y gracias. El burro, si existe, ya se debe haber ido a España con la llave del departamento.
Se escribe con pinzas:
El Presidente quiere saber cómo vivimos del 20 al 30. Que venga a la cuadra el 28, que le convido polenta. Eso sí, el queso rallado lo trae él.
Doña Retruco
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