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En los pueblos del sur, estudiar de grande tiene su propia logística. Hay que dejar la comida hecha, arreglar con la abuela o con la vecina para que se quede con los chicos, conseguir quién te alcanza o compartir el remís con otras dos que van para el mismo lado. Y a la noche, cuando la casa por fin se calla, abrir el cuaderno en la mesa de la cocina y repasar anatomía al lado de la carpeta de primer grado del más chico. Así estudian muchas mujeres que vuelven a estudiar de grandes. En María Teresa, durante unos años, eso fue posible porque la carrera les quedaba cerca.

El 15 de noviembre de 2023, en el Centro Cultural Comunal, veinte mujeres recibieron su título de técnicas superiores en Enfermería. Eran de María Teresa, de Venado Tuerto, de Villa Cañás, de Elortondo y de San Gregorio, y eran la primera camada de una carrera que funcionaba en el pueblo como extensión del Colegio Superior N° 50 de Rufino. Según el presidente comunal, Gonzalo Goyechea, todas las que se recibieron fueron mujeres, y muchas tenían 25, 30, 35 años o más. Eran las que a los 18 no pudieron irse a estudiar porque no había plata para un alquiler en Rosario, porque había que trabajar o porque había alguien en la casa que cuidar. Era una carrera para las que llegaban tarde, que es otra forma de decir para las que antes tuvieron que cuidar a otros.

Tres años después de aquella colación, según la Comuna, había quince personas anotadas para empezar en 2026. No pudieron. La Provincia no habilitó una nueva cohorte, aunque la Comuna asegura que ofreció hacerse cargo del traslado de los docentes. Goyechea dice que se enteró de manera informal, que se lo planteó al gobernador Pullaro y al ministro de Educación, José Goity, y que no hubo marcha atrás. Conviene ser precisos: no es lo mismo cerrar una escuela para siempre que no abrir un año de ingreso. Pero para quienes se habían anotado, la diferencia administrativa no cambia lo que pasó: este año no empezaron.

Desde entonces, María Teresa no soltó el tema. Hizo un concurso de fotos sobre el cuidado, y Goyechea ya mandó seis cartas abiertas: a la senadora Leticia Di Gregorio, a la ministra de Salud, Silvia Ciancio, y a los diputados Leonardo Calaianov, María Fernanda Castellani, Sofía Galnares y Rosana Bellatti. Todas preguntan lo mismo: qué hicieron para evitarlo y qué van a hacer para recuperarlo. Según él, la senadora nunca contestó. En Santa Isabel pasó algo parecido con la tecnicatura en Seguridad e Higiene, y los dos presidentes comunales, ambos peronistas, sospechan que hay política detrás; es su lectura. Lo que falta es la otra: la Provincia todavía no explicó públicamente por qué no habilitó la cohorte, si la decisión es definitiva ni qué alternativa tienen las que quieren estudiar Enfermería en la zona.

Lo que se perdió no se ve en ninguna planilla. Son quince personas que este año no empezaron, y otras que ya no se van a animar, porque ahora tendrían que viajar todos los días a otra ciudad, y con lo que cuesta el viaje y sin nadie para dejar a los nenes, probablemente no viajen. En ContraCrisis contamos hace poco que en Venado las jefas de hogar participan bastante menos que los varones en el mercado de trabajo, y que el propio Municipio lo relaciona con el peso del cuidado. Una carrera en el pueblo era una de las pocas cosas que corrían ese peso un poco más allá.

Y del otro lado están los hospitales. En "Al final, todos llegan al SAMCo" vimos que seis de cada diez vecinos de Santa Isabel terminan en el SAMCo, y un SAMCo de pueblo no funciona sin enfermeras. No tenemos el número de cuántas de aquellas veinte trabajan hoy en la zona, pero una enfermera que estudia cerca de su casa tiene más razones para quedarse cerca. Formarlas en el pueblo es también decidir de dónde van a salir las que te toman la presión a las tres de la mañana en la guardia.

En noviembre de 2023, veinte mujeres pudieron terminar. En 2026, quince quisieron empezar y no encontraron la puerta abierta. Entre una fecha y otra no desaparecieron ni la necesidad de enfermeras ni las ganas de estudiar; lo que dejó de estar fue la oportunidad de hacerlo cerca de casa. Goyechea cerró sus cartas diciendo que no estaba pidiendo un favor. Ahora les toca responder a los funcionarios. Y sería bueno que, además de contestarle al presidente comunal, alguien les explicara a esas quince qué pasó con la carrera que habían elegido y cuándo van a poder empezar.

Fuentes: Comuna de María Teresa (cartas abiertas de Gonzalo Goyechea, 15 de septiembre y 6 de octubre de 2026). 

Se escribe caminando: para muchas mujeres del sur, estudiar no dependía de las ganas, sino de la distancia. En María Teresa, este año, la distancia volvió a crecer.

Autor: Redacción ContraCrisis.