Le salen por las orejas
Doña Retruco repasa la semana con humor: las flores del Día de la Madre, los dólares del Presidente, el uno coma nueve y las boletas del agua al triple en Venado Tuerto.
Aviso: esto es humor y sátira. Los hechos son ciertos, los chequeó mi nieto; las opiniones son mías, y el que se ofenda, que se queje al gallo.
Feliz día a todas las madres, a las que están y a las que nos miran desde arriba, como la mía, que seguro anda haciendo algo, porque esa ni muerta descansa. A mí hoy temprano me tocó el timbre el nieto con un ramo de flores. Le pregunté de dónde las sacó y se hizo el sordo, como el abuelo cuando le preguntaba por el vuelto. Mañana paso por la plaza a ver qué cantero quedó pelado. Igual las puse en el florero de la abuela, que flores robadas con cariño también perfuman. Y si viene la policía, que me lleve a mí, que en la comisaría por lo menos hay estufa.
Al Presidente esta vez lo nombro poquito, que ya lo tenemos hasta en la sopa, y la sopa ya viene bastante aguada. El lunes contó en la radio que tiene 125 mil millones de dólares en la billetera y que le salen por las orejas. Fui a la salita a ver si a mí también y me sacaron un tapón de cera del tamaño de un garbanzo. Después se fue otra vez a Estados Unidos, de smoking y zapatillas, y volvió con dos premios. El garbanzo me lo traje para el puchero. Los premios no sé dónde los va a poner; si quiere le presto el aparador de la abuela, total las copas del casamiento no las uso porque no hay qué brindar.
El martes la inflación dio uno coma nueve, y en la radio lo festejaban porque no llegó a dos. El finado decía lo mismo cuando volvía del club a las tres de la mañana: “Tomé uno coma nueve vinos, no dos”. Y dormía en el sillón igual, abrazado al perro. Lo que más subió fue la luz, el gas y el agua; lo que menos, los restaurantes y los hoteles. Una alegría para el barrio, que vive de hotel en restaurante: del sillón a la mesa de la cocina, y de la mesa de vuelta al sillón, que es cinco estrellas porque tiene cinco resortes salidos.
Los chicos de la facultad marcharon el jueves otra vez al Congreso, ya van cinco, para que el Gobierno cumpla la ley que les da la plata a las universidades. Llovía a baldazos y fueron igual, con los profesores, los porteros, los jubilados y las familias de las personas con discapacidad. Hubo gases, hidrantes y gente detenida. Desde la presidencia de la Cámara dijeron que la marcha fue “pequeña y violenta”. ¿Pequeña? Mi nieto estuvo y tardó una hora en cruzar la plaza. Si eso es pequeño, la libreta del almacén es un papelito de caramelo y el Cacho es un hombre trabajador.
Adelante de la columna de los radicales iba el Chiarella, que fue como presidente de la UCR. Como intendente se quedó acá. No me pregunten cómo hace, pero es el primer venadense que está en dos lugares al mismo tiempo; ni el Padre Pío, che. Adentro, mientras tanto, la oposición quería tratar tres cosas: voltear el decreto grande del Presidente, estirar la ley de emergencia para las personas con discapacidad y darles una mano a las familias endeudadas, que en este barrio somos todas. No hubo quórum. El nieto me lo explicó con el truco: si falta uno en la mesa, no se juega. Se sentaron 121 y hacían falta 129, y entre los que no se sentaron estaban los dos diputados del Pullaro, la Scaglia y el Núñez, que juegan en el mismo equipo que el Chiarella. O sea que el Chiarella estuvo en dos lados y ellos en ninguno. Habría que hacer un promedio: le sacamos un Chiarella a Venado, se lo prestamos al Congreso y por lo menos llegamos a 122.
Ahora el Gobierno armó su propia sesión para el miércoles, con la ley de discapacidad adentro. Es como cuando no te dejo pasar a mi casa, pero te invito a mi cumpleaños, y encima traé algo. Yo cuando viene el de la luz también me escondo detrás de la cortina, con la diferencia de que a mí nadie me paga un sueldo de diputada por hacerme la que no estoy.
Acá en Venado, la Cooperativa de Obras Sanitarias reconoció que se le rompió el sistema, y a unas setecientas familias les llegó la boleta del agua al doble y al triple. Los concejales la citaron para que explique, y la Cooperativa salió a decir que muchas boletas vienen altas porque hay pérdidas adentro de las casas. Ah, mirá vos. La culpa era nuestra. A la vecina que cuelga la ropa los domingos le vino como si tuviera pileta olímpica, y la pobre se baña con la palangana y la pava, a los saltitos. Yo revisé toda la casa con la linterna y el nieto, y la única pérdida que encontré fue la del finado, que hace doce años que no me gasta ni una gota. Qué suerte tienen las computadoras: se equivocan, le echan la culpa al socio y a ellas nadie les corta el agua.
Y el domingo que viene hay elecciones vecinales en diez barrios. En la cuadra ya hay dos bandos: el del que barre la vereda a las siete de la mañana y el del que le tira las hojas al vecino cuando nadie mira. La campaña viene caliente: un portazo, una maceta rota y una vecina que no le devuelve el táper a la otra desde agosto, que en el barrio es más grave que un juicio político. Dicen que hay alguno que anda muy generoso estos días, repartiendo saludos que no daba ni para Navidad; el del 1200, que nunca saluda, esta semana me saludó dos veces, y eso ya me asusta. Yo voto al que me escuche también cuando no hay elecciones, y de paso me arregle el foco de la esquina, que hace dos inviernos que vuelvo del almacén a tientas.
Se escribe con pinzas:
Los chicos se mojaron en la plaza, los diputados del Pullaro se quedaron secos en su casa y al Presidente le salen los dólares por las orejas. A mí me premió el nieto con flores de la plaza, el único premio de la semana que no salió caro. Feliz día, mamás.
Doña Retruco
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