Posibles terroristas
El Presidente dice que echó a 30.000 terroristas, pero eran extranjeros rechazados en la frontera. Después brindó en la Torre Eiffel, lo premiaron como el economista más influyente y el riesgo país voló al máximo del año. Doña Retruco repasa la semana, con la libreta del almacén en la mano.
Esta columna es de humor y sátira. Los hechos están comprobados; las opiniones son de Doña Retruco.
Che, otra semana que se fue. Pongo la pava, saco la libreta del almacén, esa donde el almacenero anota lo que le debo y yo anoto lo que pasa en el país, que viene a ser más o menos lo mismo, y vamos por partes.
El domingo pasado, en la tele, el Presidente dijo que su gobierno echó del país a treinta mil terroristas. ¡Treinta mil! Yo me metí debajo de la mesa con el mate y todo. Al otro día salió el vocero, el Ravier, con un papelito del Ministerio, y resultó que eran unos veinte mil extranjeros que no pasaron la frontera: unos sin papeles, otros con alguna cuenta con la Justicia y otros que dijeron que venían de turistas y no les creyeron. O sea que si mi prima de Montevideo viene a tomar mate y en el puente no le creen que es turista, para el Gobierno es terrorista. Y mirá que la Nelly no le hace mal a nadie, salvo cuando canta. El vocero les dijo "posibles terroristas". Posibles, como mi jubilación: dicen que existe, pero nadie la vio llegar a fin de mes. Y Migraciones, que lleva la cuenta, dice que el año pasado echaron a menos de mil personas, y a ninguna por terrorismo. Los otros veintinueve mil se ve que los anotó el gallo, que es de inflar todo.
Así que el lunes armé mi propio Ministerio de Seguridad: batón, ruleros, anteojos de cerca y la libreta. Recorrí la cuadra y detecté al del 1200, que no saluda desde el Mundial del 86: posible terrorista. A la de enfrente, que cuelga la ropa los domingos a la hora de la misa: posible terrorista religiosa. Al sodero, que nunca tiene cambio: posible terrorista financiero. Y al gallo, que canta a las cuatro de la mañana como Gardel en el Abasto y no tiene ni DNI ni libreta sanitaria: terrorista confirmado. Al Cacho no lo anoté porque una vez no lo dejaron pasar a Chile por olvidarse la cédula verde del auto, así que ese ya está fichado por Gendarmería. Al final, la única de la cuadra que no figuraba en la lista era yo. Y me ofendí: setenta y pico de años en el barrio y ni posible me consideran.
También contó que aguantó siete intentos de golpe de Estado. Eran pedidos de juicio político, que es cuando los diputados quieren que les expliques algo. Con ese criterio, en mi casa hay un golpe por semana: cada vez que le pregunto al Cacho por el vuelto. El Majul, que lo entrevistó, después pidió perdón por no repreguntar: "mala mía". Esas dos palabras yo las espero de la compañía de luz desde que inventaron el medidor.
Después se fue a París, a la Argentina Week, que es la semana argentina pero en Francia, como hacer el asado en la parrilla del vecino porque la tuya se oxidó. Lo premiaron como el economista más influyente, y vaya si influye: el día que habló, el riesgo país, que es el termómetro de cuánto nos desconfían los que prestan plata, se fue al máximo del año. Él dijo que la culpa es de las "convulsiones internacionales". Yo con el precio del queso convulsiono todos los días y no le echo la culpa a Francia. Brindó en la Torre Eiffel, prometió el mejor año de la historia para 2028 y dijo que su único rival es él mismo. Mirá qué lujo: es el único que puede perder una elección y ganarla al mismo tiempo. Mi abuela decía que del dicho al hecho hay mucho trecho, y de la Torre Eiffel al almacén de la esquina, todavía más.
Acá en Venado, el Chiarella, que ahora es el capo de los radicales de todo el país, pidió terminar con los "procesos fundacionales", que es cuando cada gobierno quiere empezar todo de cero. Justo ahora, que en calle Belgrano empezaron de cero y la oposición quiere saber con qué plata. La Giacometti y el Taddía fueron a la Municipalidad a preguntar, porque dicen que la plata se licitó para la plaza San Martín y terminó en las veredas de Belgrano sin licitación nueva. La plaza se mudó de calle sin avisar, como el Cacho cuando le debe al almacén. Y de Niva ya les conté: no va ni viene. Yo no digo que haya nada raro, eh, que me mandan al abogado, y el abogado cobra más que el almacén. Pero si la plata de la plaza puede irse a la vereda, que la de mi jubilación se mude al almacén, que ahí la esperan con cariño.
Y la peor noticia: el pollo le ganó a la vaca. Dicen unos señores de una fundación de Córdoba que tiene nombre de crucero, la Mediterránea, y que cuentan lo que comemos como si nos revisaran la heladera, que en un año comimos 47 kilos de pollo por cabeza y 46,7 de vaca. Con lo que cuesta un kilo de asado me llevo tres pollos y medio. El gallo se enteró, y entre que lo acusé de terrorista y que su familia es ahora la carne más consumida del país, no sale del gallinero. Le escondo el diario para que no lea las recetas. Los de la redacción hicieron una nota seria sobre esto; yo hago las cuentas con la boleta.
Se escribe con pinzas: treinta mil terroristas que eran gente rechazada en la frontera, un brindis en la Torre Eiffel y un riesgo país que le contestó desde abajo. En mi cuadra ya tenemos todos la cédula verde a mano. El gallo, por las dudas, pidió asilo en lo de la vecina.
Doña Retruco
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