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Ay, Messi. El martes se despidió de la Selección, metió el tercero contra Benín, que yo no sabía ni dónde quedaba hasta que el nieto me lo mostró en el teléfono, y dijo que jugar con la celeste y blanca fue lo más lindo que le pasó. Lloré como una Magdalena con la radio en la falda, lloró el nieto, lloró la del almacén, y la vecina que cuelga la ropa los domingos colgó la camiseta en la soga como bandera a media asta. El gallo se quedó mudo, que para él es como ponerse de luto. El pobre Messi se retira a los 39 y con la vida resuelta. Yo me jubilé a los 60 y todavía estoy esperando que la jubilación me haga un gol, aunque sea de rebote.

Ahora resulta que la culpa es del Papa. El Caputo se fue a uno de esos programas que se ven por el teléfono, donde lo presentaron como el ministro más querido de la historia, y explicó que los números dan para atrás por el “ruido económico”. Le pedí al nieto que me traduzca y me dijo: los paros, el Mundial y que viene el Papa, que nos va a sacar días de trabajo. Mi abuela decía que el que no sabe bailar le echa la culpa al piso. El Caputo ya le echó la culpa al piso, a la orquesta y ahora al cura. Hoy le prendo una vela a Santa Rita, que es la única que atiende sin turno, a ver si lo convence al Papa de no venir y me alcanza para la garrafa.

En el mismo programa avisó que si en 2027 no le sale como él quiere, les va a arrancar la cabeza, como en octubre del año pasado. A quién, no dijo. Yo por las dudas ando con la bufanda puesta aunque haga calor, y al gallo le enseñé a dormir con el pescuezo adentro del ala. El único tranquilo es el del 1200, que como nunca saluda, anda con la cabeza gacha desde hace años: ese ya está entrenado.

La Bullrich y el Presidente venían como perro y gato hace semanas: que ella no vota esto, que ella no firma aquello, que ella sube videítos con canciones de Lali, que el nieto dice que es una cantante. El viernes se juntaron a desayunar dos horas en Olivos y salieron diciendo que hablaron “con total sinceridad”. Dos horas de sinceridad entre esos dos, Dios me libre. Me llamó la prima Nelly desde Montevideo para preguntarme si estaban de novios. Le dije que no, que es peor: son del mismo partido. Yo con mi cuñada no llego ni al segundo mate, y eso que ella nunca me trató de tira bombas, como él a la Bullrich en la campaña. Qué lindo es el cariño en política: un día te hacen juicio y al otro te sirven el cafecito con medialunas. En casa el desayuno es mate cocido con el pan de ayer, y la sinceridad me la como sola.

Al Presidente no se le había bajado la medialuna y ya estaba armando la valija: el miércoles 14 se va a Washington y el lunes 19 a Madrid. Y eso que recién vuelve de París. Más que presidente parece azafata. Yo para ir al centro espero el día de cobro, y la vuelta me la hago a pata para ahorrarme el boleto.

El jueves la CGT marchó al ex Ministerio de Industria, que ya no existe. Fueron a gritarle a una oficina vacía, como yo cuando voy al cementerio a hablarle al finado: le digo de todo y no contesta nadie. En el barrio a eso le decimos ladrarle a la luna, y el perro de casa lo hace gratis todas las noches. Del paro general, ni noticias, dicen que lo están pensando. Lo mismo me dice el sodero con mi vuelto, y ya me debe tres sifones.

En la provincia las maestras siguen de punta con el Pullaro, que les arregló el sueldo por decreto sin preguntarles, como hacía mi suegra con el menú del domingo: ravioles, y el que no quiere, ayuno. Y encima les da un premio por asistencia perfecta: si la maestra se engripa y falta un día, chau premio. O sea que en Santa Fe enfermarse es de contrera. La maestra de mi nieto me preguntó qué hacer y le dije lo que hago yo: el resfrío lo paso en la cola del banco, que ahí nadie te descuenta nada porque no te queda nada.

Y en Venado, el bochorno de la semana fueron las veredas de la calle Belgrano. Cuando arrancó la obra nos dijeron que la hacía Pecam. Después la Provincia salió a explicar que Pecam había subcontratado a otra empresa, Niva, que resultó ser una unipersonal, que el nieto me tradujo: de una sola persona, como mi jubilación, una sola y no alcanza. El martes armaron una conferencia de prensa para aclarar que lo de subcontratada fue un error, que Niva era “proveedora de mano de obra”. Ah, bueno. Los concejales de la oposición fueron sin que los invitaran, como la vecina de enfrente a los velorios, y salieron con más dudas que cuando entraron. Le pregunté al Cacho cuál es la diferencia entre subcontratado y proveedor de mano de obra, y me dijo que ninguna: él es proveedor de mano de obra de mi techo hace tres años y todavía no sé quién lo contrató. No digo que haya nada raro, eh, que después me mandan al abogado. Pero el finado decía que cuando una explicación necesita otra explicación, ya hay olor a quemado.

Para terminar, una buena, que también hay. Esta noche, tipo ocho, la Luna se pone al lado de Venus, mañana al lado de Mercurio, y desde Venado se ve sin anteojos. Voy a sacar la silla de caño a la vereda con el mate y mirar para arriba, que es lo único que todavía no aumentó. Y que no se entere el Caputo, que es capaz de decir que la inflación es culpa de Venus.

Se escribe con pinzas:
Semana movida, m’hijita. El Gobierno le echó la culpa al Papa, la Bullrich se amigó por un café con leche, el Presidente hizo la valija otra vez, la CGT le fue a gritar a un ministerio que ya no está y en la calle Belgrano todavía no sabemos quién pone las baldosas. Acá en el barrio, lo de siempre: la boleta de la luz más cara, la libreta más larga y el sodero sin cambio. Yo de economía no sé mucho, pero de algo estoy segura: a fin de mes no llega ni el Papa.

Autor: Doña Retruco